¡Ay, Amuay!

Las imágenes de los destrozos que se produjeron en Amuay, estado Falcón a raíz de la explosión en la refinería que allí “funciona” y que enluta hogares venezolanos no pueden más que producir impotencia, rabia y tristeza o un indescriptible malestar que imagino es lo que se siente cuando te meten una patada en la boca del estómago: una sensación de desasosiego,  dolor y fuerte presión en el esternón. Pero eso no es lo que quiero decir.

Llevo día y medio  siguiendo  las noticias relacionadas con el suceso a la vez que siento como se me vuelca el corazón y como mi estado de ánimo cambia del dolor a la rabia y de ésta al asombro y a la tristeza. He estado tratando de encontrar las palabras para decir lo que pienso sin faltar el respeto ni ofender a nadie porque tengo como principio evitar hacer lo que no me gusta que me hagan. Otra vez me estoy desviando.

El punto es que me revuelve el estómago confirmar, a través de las redes sociales, que estamos sacando lo peor de nosotros, valga el lugar común (que detesto) para describir las diferentes expresiones que han surgido a partir de la tragedia.

Decir que lo sucedido es producto de un sabotaje por parte de la oposición al gobierno es  una idea halada por los cabellos, no solo eso, es una aberración salida de la mente más ociosa que pudo existir jamás me da la impresión que más allá de paranoicos estamos en manos de personas que ven demasiadas películas serie C de las peores (ni siquiera serie B).

Pero también me parece absurdo culpar a los gobernantes por lo que pasó en Amuay. Si bien el patrono tiene parte de responsabilidad cuando ocurre un accidente laboral es menester esperar los resultados de las investigaciones. Evidentemente la falta de pericia de las personas encargadas de la refinería y el descuido en el mantenimiento serán algunas de las razones pero de eso ya se ha opinado bastante y ya muchísima gente se ha desgañitado nombrando culpables.

No obstante, si la disparatada hipótesis de sabotaje fuese demostrada, el gobierno tendría su buena cuota de responsabilidad ya que se supone que los “organismos del Estado” velan  por la “seguridad” de las instalaciones petroleras; además el acceso a dichas instalaciones (por lo menos hasta mi paso por Intevep), es celosamente resguardado.

Mi objetivo no es defender a nadie, no me interesa. Desde que me enteré de la tragedia no he hecho más que pensar en la gente, los que murieron, los heridos, los familiares de ambos, en que en el otro lado del país no deja de llover con consecuencias; que Venezuela gime por los cuatro flancos y seguimos echándonos la culpa y buscando guerras; que duele cuando fuera de tu tierra te dicen “quiero conocer tu país maravilloso” y no sabes si sonreír o echarte a llorar porque sabes que ese país maravilloso está llenándose de pústulas y que limpiarlo y curarlo será una tarea larga y dolorosa.

1 comment

  1. Excelente, como todos tus artículos, sería fabuloso se publicara aquí, yo de ti lo enviaría a algún conocido para que lo hiciera, es importante la opinión de quien esta fuera. Un abrazo

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