Desazón

Si alguien me pregunta ¿qué siento últimamente con respecto a Venezuela? Creo que la palabra desazón es la que mejor describe mi estado de animo ante la cantidad de cosas que pasan en mi país, porque es mi país; bueno o malo, mejor o peor, es mi país y si hay una cosa que creo, no se debe perder, es el sentido de pertenencia porque finalmente donde quieras que estés serás un extranjero con todo lo que eso conlleva.

Este sentimiento de desazón se exacerbó mientras seguía las informaciones sobre el asesinato de Kluiverth Roa, el muchachito de 14 años que murió a manos de un Policía Nacional Bolivariano. Miles de imágenes y preguntas han pasado por mi mente: ¿Qué habrá sentido esa criatura cuando se vio con un arma apuntándole a la cabeza? ¿qué habrá pensado? ¿de qué tamaño habrá sido su miedo? ¿miraría a los ojos a su agresor? Kluiverth, ¿habrá pedido clemencia? ¿O con el arrojo y la rebeldía que nos caracteriza a esa edad se habrá enfrentado a su verdugo? También pensé en los padres del muchacho y mi desazón se convirtió en dolor.

El mismo que me embarga cuando veo la foto de Kluiverth y vuelvo a ponerme en sus zapatos frente a un arma apuntando a su cabeza.

Leo en los periódicos que el policía que disparó a Kluiverth fue detenido; en sus declaraciones indicó que había usado una escopeta con balas de goma; tiene solamente 23 años, nueve más que Kluiverth, ¿habrá mirado a los ojos del chiquillo antes de disparar? ¿tendrá hijos, hermanos, sobrinos? ¿habrá sentido miedo o solo quiso experimentar el poder que confiere tener un arma de fuego? ¿lo estará persiguiendo la imagen de Kluiverth tendido en el suelo, la sangre manando de la cabeza con su camisa azul y su morral aun colocado en la espalda?

No logro ponerme en los zapatos de quien empuña su arma en contra de un niño indefenso.

Maduro dice que el Kluiverth fue “producto de las sectas de la derecha” que en Venezuela no existe la impunidad, no obstante, en Gaceta Oficial del 27 de enero de este mismo año, apareció publicada “la resolución 008610 del Ministerio de la Defensa que establece un nuevo modelo de control militar del orden público que incluye el ‘uso de la fuerza potencialmente mortal, bien con el arma de fuego o con otra arma potencialmente mortal’, como último recurso para ‘evitar los desórdenes, apoyar la autoridad legítimamente constituida y rechazar toda agresión, enfrentándola de inmediato y con los medios necesarios” (El Nacional 29/01/2015) Kluiverth fue la primera víctima de esa resolución. ¿Se justifica la muerte de un muchachito de 14 años? Mi dolor se torna en desazón y rabia.

Desazón y rabia por no entender de qué vamos en Venezuela, por no reconocerme en mis compatriotas; por no querer voltear la mirada como hacen muchos, por no entender cómo es que un grupo de malandros han podido minar nuestro amor propio de tal manera que nadie reacciona, nadie se enfrenta; por habernos llenado de miedo y por habernos disminuido a los niveles en que se disminuye una mujer maltratada ante su agresor.

Solamente espero que la muerte de Kluiverth sea, en cierto modo, el resorte para que la gente reaccione, para que se haga algo, para que ese país que un día fue altivo y orgulloso recupere esa esencia, para que todos entendamos que tenemos un país; que bueno o malo es nuestro país, mejor o peor es nuestro país y es al que pertenecemos porque en cualquier parte seremos extranjeros con todo lo que eso conlleva.

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