Este señor que acampa en El Travelling

 

Usted llega al Bar Travelling de Lavapies pide un trago y se interna en ese espacio de paredes bermellón desde donde colgadas le miran caras, unas tristes, otras muy serias, otras que rezuman un apretar de dientes como si soportaran rabia o dolor, también hay unas que parecen sangrar hacia arriba pero no dan miedo, porque esas caras transpiran talento, creatividad y técnica.

Usted camina, solo unos cuantos pasos y se encuentra a un Quijote o “Pipote” montado sobre un barril que parece delirar ante

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Don Pipote y Guarro Panza

Este señor es Gustavo Adolfo Díaz González, si, Gustavo Adolfo, como Becquer el del siglo XIX, el que alguna vez escribió sobre “deformes siluetas de seres imposibles” que este Gustavo Adolfo de ahora, del XXI, plasma sobre papel proporcionándoles posibilidad y forma.

Pero no soy critica de arte ni mucho menos, soy solamente alguien que admira y se enorgullece de este Gustavo Adolfo a quien  conozco y quiero, que me muestra siempre  – no es a posta-,  que las batallas se ganan o se pierden pero hay que seguir adelante, que a pesar de que a veces provoque o apetezca tirarlo todo; disfruta, sonríe y vibra a través de sus dibujos; que sigue dibujando y ahora experimenta la escritura; que expía sus demonios por lo bajo; que disfruta de la música y de todo lo que puede atrapar de la vida desde donde está.

Así que usted llega al Travelling, en Lavapies -no se lo pierda- pídale un trago a Paco, quizá alguno de sus propios demonios está allí colgado de una pared y hecho dibujo por Gustavo.

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