Más de un millón de almas pequeñas

Desde hace unos días se habla insistentemente de la situación de los habitantes de Siria, personas que vivían como cualquier habitante de este planeta, ahora, en medio de una guerra civil que ya roza los tres años, intentan sobrevivir y no precisamente como cualquier habitante de este planeta. Los más vulnerables ante este no vivir: los niños.

Según informaciones emitidas por Naciones Unidas, son más de un millón los niños que han salido de Siria desde que se inició el conflicto en febrero de 2011 y que se hacinan en los campos de refugiados al norte de Iraq. Según Save The Children, ONG que trabaja a favor de los niños en todo el mundo, y que mantiene activistas en la zona en conflicto, suman 7 mil los pequeños que han muerto, eso sin tomar en cuenta las situaciones a las que han sido sometidos desde que se inició el terror… Porque toda guerra supone terror.

Porque de vivir como cualquiera se han visto sometidos a violaciones, vejaciones y malos tratos; han sido reclutados, en contra de su voluntad, para llevar a cabo tareas en las que sus cortas vidas corren peligro permanente; han perdido a sus padres y hermanos y ahora viven en condiciones infrahumanas, debajo de carpas en las que, durante el día, no pueden ni respirar debido al calor reinante (por encima de los 40º) y durante la noche no pueden dormir porque el frío –ese que provoca el estallido de las rocas calientes–, les entumece. Porque ahora difícilmente encuentran agua limpia, se enferman gravemente y no cuentan con insumos médicos suficientes.

No, estos niños ya no viven ni vivirán como cualquier mortal del planeta; a cada uno de estos niños, a estas alturas de su vida, la experiencia les ha curtido la piel y se quedará grabada en sus almas pequeñas, almas que ha madurado literalmente a los golpes.

En los campos de refugiados siguen muriendo niños sirios; también hay niños como Nadeem, de 6 años, que con su voz ronquita nos cuenta a través de http://www.savethechildren.es/ cómo es meterse debajo de la cama cada vez que ocurre un bombardeo, como quiere ser grande para proteger a su madre y que sueña con ser médico; o como Nour con 14 años asume que de su ciudad no queda nada, o leer el relato de Shanaz sobre la muerte del pequeño Khalid a causa de una diarrea por haber bebido aguas contaminadas en el campo.

Y cada día llegan más niños y cada día se asientan entre el polvo, el hacinamiento y las inclemencias del tiempo, más almas pequeñas de las que no sabemos cuál será su destino. Que juegan en los parques construidos para ellos, por las diferentes ONG, en un intento de que recuperen algo de lo poco de niños que les queda, mientras en Siria siguen desapareciendo ciudades por el capricho de un grupo de personas carentes de toda humanidad.

No, estos niños ya no viven ni vivirán como cualquier mortal del planeta; a cada uno de estos niños, a estas alturas de su vida, la experiencia les ha curtido la piel y se quedará grabada en sus almas pequeñas, almas que ha madurado literalmente a los golpes.

1 comment

  1. Es muy triste una guerra y mas aun cuando las víctimas son niños. Lo peor o lo que lo parece igualmente terrible es que el ataque es de Sirios contra Sirios, es ver cómo un pueblo se cosnume en el odio y las victimas son sus propios hijos. Gracias por este post. Saludos

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