Zelaya, ¡Ay Zelaya!

Otro pobrecito para América Latina, el lado del mundo que más produce mártires desde hace diez años, mártires encabezados por el presidente Chávez, el mártir mayor. Pues, a ver a quién se engaña.

En nombre de una revolución que no revoluciona nada, como cuando se han cometido crímenes en nombre de Dios, estos hombres, simples mortales, pretenden hacerse del poder y la riqueza eternamente mientras sus pueblos mueren de hambre y de desidia. Sí, es muy sabroso acusar a los “oligarcas” desde el palco de los que detentan el poder y quieren seguir detentándolo.

El resto del mundo no entiende lo que sucede, todos se dan el tupé de opinar mientras el principal entrometido en los asuntos de otros países exige “que nadie se meta” sin ningún tipo de autoridad y deplora a Micheletti, presidente provisional del país centroamericano, por no permitir inherencias “ni de Obama”.

La demostración de valentía del ejército hondureño al no consentir la perpetuación en el poder de Zelaya produce admiración, quizá no fue hecho de la mejor manera, pero fue hecho, tuvieron los cojones. A ello los sentimientos encontrados son de dolor y rabia por la ignorancia que impera entre toda la población, un mal peor que la gripe H1N1 y que está matando la voluntad de Latinoamérica.

Zelaya parecía un presidente ecuánime en medio de tanto enfermo de poder, ya se dejó llevar y por un tipo que en su momento quiso hacer lo mismo que hicieron en Honduras ¿recuerdan? ¡Ay Zelaya que mal te arrimaste!

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