Turismo de aventura y realidad

En medio del húmedo calor de la Guaira, bajaron del avión. Emocionados, venían a ver, por sus propios ojos, los avances de esa revolución que campea América Latina, liderada por Hugo Chávez, esa que está cambiando el mundo y lo está convirtiendo en un universo “multipolar”. Dos periodistas ella, Lucila Gallino, argentina; él, Ralph Niemeyer, alemán, arribaron el miércoles 10 de junio a Venezuela y tuvieron su dosis de realidad de primera mano.

Probablemente esbocé una sonrisa malévola cuando lo leí, en el diario Últimas Noticias del 15-6-09, pero inmediatamente se torció en una mueca de tristeza. A veces es doloroso confirmar nuestras elucubraciones y darle crédito a los análisis humildemente hechos. Los dos comunicadores llegaron para observar los “avances de la revolución” y les dieron un avance a ellos.

Mientras leía la noticia, una película no dejaba de reproducirse ante mis ojos, un hombre y una mujer, él alto y rubicundo, ella delgada y de finas facciones, vestidos ambos con ropas ligeras y sandalias, sudan copiosamente mientras buscan un taxi que los suba del aeropuerto internacional Simón Bolívar a la capital, sonríen, es mucho lo que han escuchado de Venezuela, del pesebre de casas en los cerros que da la bienvenida a los turistas que llegan a Caracas, de la simpatía de los habitantes del país de la atención esmerada de la gente hacia los extranjeros. Es en ese momento cuando se les acerca un tipo bajito y barrigón, de piel curtida que a pesar del calor se nota fresco y les ofrece llevarlos por una módica suma.

Que amable señor este que les carga las maletas y los hace abordar un carro blanco compacto, al que él mismo sube por la puerta del conductor. Justo cuando el simpático señor (que dicho sea de paso no cesa de hablar) se dispone a encender el vehículo, se acerca otro hombre, el conductor se baja y cruza unas palabras con él algo así como: “no chico, yo no creo”. Se asoma por la ventana y pregunta a Gallino y Niemeyer si tienen algún inconveniente en que un compañero de la línea de taxis, que no tiene cómo, suba con ellos hasta Caracas.

La pareja no pone ningún reparo, más bien les parece que es una primera muestra de la pintoresca amabilidad que nos caracteriza a los venezolanos y como “en la tierra que fueres, haz lo que vieres”, lo toman como un acto natural y aceptan encantados.

El vehículo blanco enfila la autopista Caracas la Guaira, en su interior se habla de diferentes temas pero predomina el que es moda desde hace diez años: la revolución bolivariana y sus “avances” en esto van, como un grupo de amigos de toda la vida que sube por el viaducto, la magna obra del gobierno bolivariano, después de un día de playa. De repente cambia el tono del conductor y justo cuando están entrando a Caracas, se desvían por una estrecha calle de Catia flanqueada por basura y buhoneros (pura realidad extrema), les hacen saber a los pasajeros, Gallino y Niemeyer que tienen que verificar sus credenciales como periodistas.

La pareja de comunicadores no entiende nada, menos cuando ambos hombres les exigen entreguen todo el dinero que llevaban encima mientras los pasean por los “sitios más emblemáticos de la ciudad”, colindantes con los Magallanes de Catia y las Brisas de Propatria, y les explican que pertenecen a un grupo conformado por civiles y apoyados por militares; los periodistas pudieron, durante las tres horas que duró el recorrido y en las que les recordaban que no debían usar sus teléfonos móviles, mirar a los niñitos sucios en las puertas de las casas de los barrios, los portentos de ingeniería y arquitectura adosados a las montañas, los contenedores de basura a punto de desbordarse…

…En fin, tuvieron su dosis de realidad y “avance” revolucionario. Gallino y Niemeyer atinaron al encender una cámara que llevaban con ellos y como buenos periodistas registraron su aventura hasta que los dejaron frente a las puertas del Centro Endógeno Francisco de Miranda.

Esto no es más que mi película, como me imagino que sucedió. Seguimos promocionando a Venezuela, ahí lo tienen, contado por los protagonistas, se puede aprovechar esta versión y las imágenes obtenidas por Gallino y Niemeyer para hacer un comercial sobre las experiencias extremas que se disfrutan al visitar el país y en las que los venezolanos somos especialistas.

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